José Antonio Primo de Rivera

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Nuestra modesta economía está recargada con el sostenimiento de una masa parasitaria insoportable: banqueros que se enriquecen prestando a interés caro el dinero a los demás; propietarios de grandes fincas que, sin amor ni esfuerzo, cobran rentas enormes por alquilarlas; consejeros de grandes compañías diez veces mejor retribuidos que quienes con su esfuerzo la sacan adelante; portadores de acciones liberadas a quienes las más de las veces se retribuye a perpetuidad, usureros, agiotistas y correveidiles: Para que esta gruesa capa de ociosos se sostenga, sin añadir el más pequeño fruto al esfuerzo de los otros, empresarios, industriales, comerciantes, labradores y pescadores, intelectuales, artesanos y obreros agotados en un trabajo sin ilusión, tienen que sustraer raspaduras a sus parvos medios de existencia. Así, el nivel de vida de todas las clases productoras españolas, de la clase media y de las clases populares, es desconsoladoramente bajo; para España es un problema el exceso de sus propios productos porque el pueblo español, esquilmado, apenas consume…”. “El orden liberal capitalista ha traído al mundo las discordias presentes y el espectáculo de miseria que dan los obreros del campo, alquilándose a sí mismos. El liberalismo se burla de los infortunados: declara maravillosos derechos; libertad de pensamiento o de propaganda, de trabajo… pero que no son sino meros lujos para los favorecidos por la fortuna. A los pobres, en el régimen liberal, no se les hará trabajar a palos, pero se los sitia por hambre. el obrero aislado, titular de todos los derechos en el papel, tiene que optar entre morirse de hambre o aceptar las condiciones que le ofrezca el capitalista, por duras que sean“.


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